Tras un largo viaje de 26 horas, el escritor Guillermo Ferreyro disfruta su estancia en Xalapa, donde ayer recibió el Premio Latinoamericano de Primera Novela “Sergio Galindo”, convocado por la Editorial de la Universidad Veracruzana, que le fue entregado por su obra La cloaca.
El texto fue descrito por el jurado como poseedor de una trama delirante que se entronca con la picaresca para recuperarla. También dijeron que tiene “una prosa ágil con mucho sentido del humor y un amplio trasfondo de la historia argentina, retomando con fortuna la herencia de narradores como Osvaldo Lamborghini y Rodolfo Fogwill”.
Como es natural, estas palabras le causan alegría, satisfacción y motivación para continuar en el mundo de la literatura, en el cual ya cuenta con el Premio Internacional de Literatura “Sor Juana Inés de la Cruz” por su libro de cuentos Pinturitas, entregado en 2014 en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, y ahora el Premio Sergio Galindo.
En charla con Diario de Xalapa, esto es lo que comparte el autor argentino.
Guillermo (Argentina 1963) , tengo entendido que cuando aún era demasiado joven —18 años— se interesó en estudiar una carrera técnica en química. ¿En qué momento llegó el gusto por las letras y la literatura?
En realidad, la escritura siempre ha estado presente. Aunque estaba lo de la química, al mismo tiempo escribía y sacaba unas revistas alternativas en la época de la dictadura de Argentina. También acudía a algunas editoriales independientes, tratando de publicar autores que aparecían en la lista negra, como Juan Gelman.
Al terminar mis estudios, me quedé con la química pero no terminaba de convencerme porque yo tenía otra idea. Imaginaba que los químicos eran algo así como inventores, pero estaba en una fábrica y era una labor muy rutinaria. Me fui y me dediqué a sobrevivir. A los 20, estaba casado y tenía hijos, así que hice de todo, vender corbatas y artículos en la playa, en fin… A los 24 decidí lograr vivir con algo relacionado con las letras. En el camino, descubrí la publicidad y empecé como redactor creativo, algo que hasta ahora hago. Durante todos estos años, paralelamente, cubrí la necesidad de escribir, pero no con la idea de publicar.
Los escritores hablan de un momento crucial: el encuentro de la propia voz narrativa. ¿Cuándo descubrió la suya?
El momento clave fue a los 47, cuando decidí quemar lo que había escrito anteriormente, porque sin ataduras encontré mi voz, mi línea… no pude parar. La escritura se convirtió en una obsesión vital que me permitió ir deshilvanando mis propios misterios y generar obra que empecé a pensar que valía la pena compartir.
¿Surge entonces Pinturitas, su primer libro de cuentos?
Sí. Encontré un proyecto y empecé a trabajarlo. Surgieron Pinturitas, otros libros de cuentos que aún no están publicados y La cloaca, que es parte de esa misma atmósfera.
¿Como autor emergente, a qué retos se enfrentó para encontrar una casa editorial?
Curiosamente, en Argentina hay muchas editoriales independientes que están trabajando bastante, pero yo nunca intenté acercarme. Cuando terminé lo que hoy es Pinturitas, lo mandé a concursar con la intención, más que de ganar, de ver cómo era evaluado. Y funcionó. Lo publicó el Fondo Editorial del Estado de México.
El éxito de Pinturitas lo repite ahora con La cloaca, y en la misma línea, mediante concursos. ¿Qué opinión tiene acerca de los certámenes literarios mexicanos?
Me produce cierta envidia la cantidad de espacios que hay en México para los escritores. En España hay algunos y en Argentina tenemos cada vez menos. Además, de México me gusta la imparcialidad con la que eligen. Me parecen muy transparentes.
¿Usted se considera un ejemplo?
Yo soy el mejor ejemplo. No me conocía nadie y no conozco a nadie. Soy un escritor desconocido y he tenido dos premios que han significado, primero, la posibilidad de publicar, que no es fácil en ningún lado. Segundo, publicar a mi edad. Tengo 55 años. No soy una promesa de nada. Es mayor el valor que uno le puede dar a los premios, y a los concursos en general. Por otro lado está la política editorial, que es muy buena.
Con respecto a La cloaca, ¿puede proporcionarnos una breve sinopsis?
En Pinturitas hay un pequeño adelanto de La cloaca. Uno de los cuentos se llama “El viejo”. Es onírico, y en ese ambiente se desarrolla la novela. La cloaca era un espacio de misterio que me parecía interesante explorar. Uno quisiera saber qué hay allá abajo. Todos sabemos que en las grandes urbes hay podredumbre que corre por el submundo…
La novela es la aventura del narrador-personaje que decide hacer una confesión. Para ello, cuenta sus vicisitudes desde niño y dentro de eso, poco a poco van teniendo un rol central sus descubrimientos en la cloaca, entre ellos, un animal que se desarrolla ahí y que se convierte en un alma poderosa.
Luego de vivir el conflicto de la guerra de las Malvinas, decide invadir el Reino Unido con esa criatura y lo pone en crisis… La historia tiene momentos delirantes. Es una mezcla de relatos fantasiosos. Hay un desarrollo de picaresca y juegos con la ciencia.
Por otra parte está la relación entre padres e hijos; familias que ocultan todo, y hay un juego que tiene que ver con la idea de desaparición que existe en Argentina de demoler y dinamitar. Está en nuestras venas hacer desaparecer. ¿Desparecer qué? Si todo vuelve a aparecer. En la cloaca todo vuelve a aparecer de forma fantasmagórica.
Guillermo, en estos momentos, ¿qué es para usted la escritura?
Una actividad vital, igual que la lectura. No sé si podría vivir sin escribir.
Con respecto a la lectura, ¿cómo la define?
Es una experiencia irremplazable. Es una cosa muy curiosa porque es el mecanismo más artificial que tenemos. Un objeto rectangular que abrís y genera magia. Es más extraño que la música, la pintura. La lectura es un mecanismo que activa lo onírico y hasta lo espiritual que todos tenemos. Es una lástima que haya mucha gente que se lo pierda.
Guillermo, ¿hasta cuándo estará en Veracruz?
Estaré hasta el miércoles, porque quiero recorrer la ciudad y luego ir al puerto de Veracruz. No viajé tantas horas para desperdiciar la oportunidad de conocer el latido del lugar que ha reconocido mi trabajo.
Ver nota publicada en el Diario de Xalapa.
