La intención es dar una breve mirada de cómo está funcionando la literatura en Latinoamérica y cuál es la posible proyección.
A pesar de la inestabilidad y las crisis recurrentes parece que la literatura y su emblema: el libro, van ensayando mecanismos de subsistencia sin que nadie (ni persona, ni estado, ni poder) intervenga.
Una cultura subterránea va encontrando la manera de poner en conexión a
escritores y lectores.
La literatura, quizás más que nunca, surge de las periferias urbanas, sin atender a la legitimación académica.
En esa zona límite aparece fundando territorios y abandonándolos rápidamente.
Aparecer-desaparecer-reaparecer puede que sea un mecanismo de defensa.
Porque en cuanto el centro detecta a la literatura emergente suele fagocitarla, con el fin de catalogar, procesar y tirar al mercado lo que debe ser leído.
En los 70 y 80, los movimientos alternativos estuvieron más limitados.
Los medios de producción cultural estaban subordinados a sistemas mecánicos de fabricación en escala y a la manipulación informativa. De modo que el objeto libro requería mayor esfuerzo material y comunicacional para existir.
En este momento, el fenómeno digital, o sea, un cambio tecnológico, sin
proponérselo, facilita que por debajo de las estructuras tradicionales de servicios, se desplieguen las raíces de frutos contraculturales.
La impresión digital permite realizar tiradas cortas de buena calidad, con el
consecuente control de recursos, ajustándose a la demanda sin excedentes.
El libro digital ayuda a mantener cada obra en estado de oferta permanente,
creando una especie librería virtual independiente.
Las redes sociales facilitan la difusión y la interacción, sin costo, sin intermediarios y de manera instantánea o planificada.
El resultado es que en poco tiempo y en cada país de Latinoamérica, se generó un canal de publicación representado por las editoriales independientes, que son la plataforma de la producción de literatura contemporánea.
Los grandes grupos editoriales, aún aplicando estrategias de marketing no
alcanzan a capturar porciones de mercado. La literatura no termina de encajar en las técnicas de hipersegmentación. Es que la cantidad de marcas, o sea la cantidad de escritores es tan variada, abarcativa y cambiante que no puede completar el volumen de producción en serie necesario para garantizar
rentabilidad. En consecuencia, el libro masivo rara vez tendrá que ver con la
literatura. Podrán ser de cocina, política, autoayuda, etc.
Frente a este escenario, a las grandes editoriales sólo les queda concentrar
porciones de mercado para generar masa crítica. Eso significa acumular autores por rubro, género o lo que sea. En otras palabras: sacrificar la diversidad para homogenizar temáticas, perfiles y narrativas.
Sin embargo, la literatura está defendiéndose por debajo de todo este sistema.
La circulación independiente parece su destino contemporáneo.
La producción literaria en Latinoamérica crece en un proceso anárquico y
autosustentable, que involucra a todos sus participantes de un modo horizontal.
Las categorías de poder se diluyen porque editor, escritor y lector, suelen coincidir en la misma persona, esto abona un campo común.
Los intervinientes y todas las obras se ponen en contacto directo.
Además, el acceso a la escritura de las mayorías en muchas sociedades
contemporáneas, conforman un nuevo potencial. La cantidad de gente que escribe es considerablemente mayor, mientras que las barreras para generar y mostrar material se están simplificando cada día más.
Esos incrementos resultan en que dentro de cada territorio conviven más voces y la multiplicidad de zonas genera innumerables matices.
La posibilidad de interacción sólo depende del intercambio que se propongan los diferentes grupos.
Por lo tanto ya no existe una voz impuesta, una uniformidad o una inflexión
dominante. A causa de este efecto de multiplicidad, es probable que ya no
encontraremos nuevos escritores nacionales, o la gran obra emblemática de un país.
Un cuarto factor está en vías de integrarse son los traductores. Las traducciones serán esenciales para que la literatura se independice de las decisiones centralizadas.
La sociedad contemporánea ya opera en el nuevo paradigma del universo digital, superando dispositivos como la computadora, todo se concentra en la nube. El peligro está claro: la interferencia en la información, los procedimientos de control, la vulnerabilidad. Sin embargo, la edición independiente conserva un elemento tangible casi como un sello de legitimidad: el objeto libro impreso.
Estamos ante una nueva maquinara de producción de sentido que no responde a ningún modelo previo.
Es un principio rizomático.
El viejo sistema era fijo. Un árbol con su única raíz, clavado en un lugar y con una limitada arborescencia.
En cambio, la cultura subterránea avanza ramificándose infinidad de veces, es pura multiplicidad y con la multiplicidad aumentan las posibilidades de combinación y conexión.
Un rizoma puede cortarse en cualquier punto o ser interrumpido, pero siempre recomienza, ya sea en otro punto o en el mismo lugar. Es pura potencialidad.
Dice Giles Deleuze en mil mesetas:
La anarquía y la unidad son una sola y misma cosa, no la unidad de lo Uno, sino una más extraña unidad que sólo se reclama de lo múltiple.
Guillermo Ferreyro
