De naturalidades extrañas

por | Jun 25, 2019 | Novedades, Prensa | 0 Comentarios

Guillermo Ferreyro y el escritor colombiano Marco Tulio Aguilera
La Cloaca, Novela de Guillermo Ferreyro

Sobre la novela La Cloaca, de Guillermo Ferreyro Lamela, por Marco Tulio Aguilera.

La cloaca
Guillermo Ferreyro Lamela
Editorial Universidad Veracruzana
Premio Sergio Galindo a primera novela, Xalapa, 2019

La extraña naturalidad con la que un niño cuenta sus descubrimientos en el  submundo de las cloacas de Buenos Aires, una familia disfuncional (como todas): una madre llena de manías y un padre con secretos, la eclosión de la sexualidad en el niño protagonista-narrador y el descubrimiento de la sexualidad de quienes lo rodean, un viejo que vive en las cloacas y que tiene la extraña perversión de meterse camarones en el culo, una vecina que busca lograr un embarazo en su cuerpo para apoderarse del estatus de mujer legítima y con heredero, un grupo de rapaces niños que hacen asociación para compartir sus descubrimientos sobre el mundo de losadultos, masturbarse en las cloacas y para indagar los misterios de los submundos de Buenos Aires… todos los personajes y todas las situaciones de esta peregrina novela son extravagantes,  aunque de alguna manera inocentes y sin duda resultado de una situación social incómoda y frustrante.

Ferreyro, argentino, en la flor de su madurez,  nos presentan un teatro de sombras siempre divertido y ameno, en algunas ocasiones cargante por obsesivo,  donde la moral y las buenas costumbres son apenas malas palabras. Esto es La cloaca de Ferreyro, galardonada con el premio Sergio Galindo a Primera Novela 2018. Este personaje con aspecto de espía ruso, al que apodan Pantera rosa,  es un escritor que tiene sin duda un mundo y un lenguaje particulares, propios, a los que no lesencuentro filiación, aunque tal vez Cortázar, Roberto Arlt, Beckety Rabelais podrían reclamar algún parentesco.

El niño protagonista, a los once años o más, asiste a una serie de rituales que no entiende: los adultos se pasan el tiempo maquinando traiciones u organizando rituales en los que los camarones son parte fundamental. El cuartito donde guarda sus secretos el padre (asuntos escatológicos,pornografía escrementicia, recetas de cocina o quién sabe qué), se convierte en el refugio del niño, que espía a sus mayores a través de un huequito.

Si esta novela tiene algún arte dominante, es el arte de la tensión no resuelta.

El lector, andado la página 150, no entiende qué está sucediendo, pero es hábilmente manipulado por Ferreyro que sabe mantener el interés en la lectura gracias al arte de ocultar, sugerir, y nunca revelar sino hasta la página final. Después de la cual, sin embargo, persiste la perplejidad: ¿qué diablos hemos leído?¿Un embuste, una trama maquiavélica contra los ingleses que se apropiaron de las islas Mavlinas y de paso vapulearon en aparentemente indeformable ego de los argentinos, que a pesar de tener a Borges y aMaradona y más allá a Messi, siguen sufriendo el oprobio de haber sido humillados por el poderío británico?

Ni comedia, ni farsa, ni parodia, ni drama ni obra de denuncia social, aunque tiene aristas de todas las anterires, comparte todos los géneros y especies e involucra disciplinas tan aparentemente dispares como la guerra bacteriológica y la gastronomía y resulta ser una especie de bufa protesta contra el vil abuso anal que ejerció el proderoso ejército británico contra la orgullosa pero débil Argentina.

Novela disfuncional, como la familia del protagonista, se prolonga en disquisiciones sobre mutaciones genéticas que desesperan al lector que busca certezas y coherencias. Desmesuras y absurdos, desafueros, violaciones a la mal llamada realidad, se acumulan como un alud de excrecencias que arrasan las cloacas de Buenos Aires y que dejan al lector exhauso y preguntándose qué fue eso que acaba de leer.

Elvio Gandolfo, reconocido escritor argentino de mi amplio y fatigado kilometraje quiso hacer un prólogo sin entender a fondo la novela y yo lo he querido emular haciendo esta elusiva reseña tras alcanzar la misma perplejidad. De muchos escritores a partir de la primara novela ya se puede decir qué se puede esperar. De Ferreyro lo único que espero esperar es otra perplejidad.

Fuente: Otro lunes